"La luna camina despacio pero atraviesa el mundo"
 (Proverbio africano)

sábado, 16 de enero de 2016

La hormigonera

Estos últimos días ando dando muchas vueltas a mis problemas con mi profesión, y la idea que tengo de ella, y los múltiples problemas que ello me causa.


Dentro de este mundillo todavía hay muchas personas que piensan que existen fórmulas pseudomágicas (mira aquí lo que significa pseudo) que nos van a llevar al éxito educativo y más allá (lo siento, no me he podido contener y recordar a Buzz Lightyear y su encantadora ingenuidad)


Bien es cierto, por otra parte, que existen actuaciones educativas de éxito, pero la pregunta es ¿valen para mi grupo de alumnos? Pues como trabajamos con niños, y cada uno es totalmente diferente al otro, pues no. También es verdad que puedo estudiarlas y ver como modificarlas para que sirvan con mis alumnos, la dinámica de grupo que generan, sus motivaciones, el entorno familiar, y eso es lo que hago, unas funcionan, otras no. Por eso muchas veces cuando tengo grupos nuevos cuesta al principio encontrar el camino para llegar a ellos, lo que me provoca también muchos problemas con algunos padres que no entienden que la educación es un proceso a largo plazo y me exigen resultados inmediatos (¿todavía hay alguien que no ha comprendido el proverbio africano y que es el lema de este blog?)


Os lo explicaré con un ejemplo. Hace años tuve a una niña dictaminada por la burocracia educativa oficial (por una de esas personas, tantas de ellas, que defienden la educación como un proceso industrial, donde todo son técnicas estándar) como de mutismo educativo. Desgraciadamente su mutismo también afectaba a su familia de acogida. Un año después la tenía que separar de los compañeros porque era una cotorra (se ve que tenía que recuperar el tiempo perdido) No sé como le andará ahora, pero yo dormí muy a gusto la primera vez que le dije que ya valía de cotorrear tanto.


Eso es lo que hace que esta profesión sea maravillosa. Todos los días es algo nuevo. No quiero acabar con la sita "Krabappel", doblegándome sencillamente porque alguien ha decidido que es lo mejor para mis alumnos cuando ni siquiera los conoce (la escena cuando pregunta sobre el peso atómico del salchichonio es una metáfora de cuando un maestro se rinde y abandona su deseo de educar para pasar a disfrutar de una vida cómoda)


A esta alturas hay alguien que todavía puede preguntarse, ¿y a qué viene el título de la entrada? En esto creo que me parezco cada día más, salvando las distancias, claro está, al genial Ibáñez. Eso será por haber leído tantas veces sus cómics. Pues sencillamente en que esta profesión no funciona como una hormigonera, echas arena, agua y cemento y te sale la pasta para poner los ladrillos. Si así fuera, hace ya mucho que nos habrían sustituido por máquinas. Y por eso es tan genial ser maestra. Puedes acabar cansada, enfadada o frustrada. Pero ruego que no llegue el día en que no tenga ganas de volver al colegio. Ese día me habré rendido, me habré convertido en mi peor pesadilla, me habré convertido en otra "sita Krabappel"